02 julio 2012

Ricos como el vino

Triste, pero cierto:

Mi perro "Lolo"


Tamaño de Lolo cuando llegó a la casa

La verdad que es muy extraño escribir esta entrada porque nunca antes había experimentado algo parecido. Resulta que hace dos años mis padres decidieron tener un perro. Cuando lo tuvimos decidimos ponerle "Lolo". Este perro estuvo con nosotros en varios momentos importantes (aunque sólo hayan sido 24 meses): desde el terremoto del 27 de febrero de 2010 hasta los diferentes 18 de septiembre... Para mi padre fue un compañero en su trabajo en el campo y para mis hermanas, sobretodo para la más chica, un amigo en sus aventuras....
Sin embargo, desde hace algún tiempo, Lolo comenzó todas las noches a dejar de llegar a la casa, hasta que la semana pasada estuvo perdido por tres días. Resulta que lo encontraron con hipotermia y muy ido, pero su cuerpo no resistió y acabo de saber que Lolo murió. 
Lolo adulto (*)
Aquí viene lo raro, porque uno cree que los perros no mueren, que son invencibles...que siempre estarán a tu lado. Lo mismo pasa con las personas, pero obviamente a una escala totalmente diferente, porque sabemos que la sensación de no contar, en este caso con el perro, de una "cosa viviente" es curiosa, mientras que con las personas, uno sabe que siguen vivas (quizás algunos me creerán loca) pero es cierto. El alma de las personas permanece y cambian de lugar, ya sea Purgatorio, Cielo o infierno, pero ¿La de los animales? Ahí si que viene lo más interesante: su "alma" muere con ellos. Mientras que entre los seres humanos podemos pedir por el alma de algún difunto, en la de los animales....no. También, mientras los perros, en alguna medida son reemplazables, la personas son únicas e irrepetibles en dignidad.

En fin. Este acontecimiento nos podría dejar para varias reflexiones, pero sólo quiero remitir a una: mi perro Lolo murió y se puede decir, aunque suene duro decirlo, para siempre.




(*) Ambas imágenes son sacadas de Google Images, pero que retratan de cómo era mi perro